A medida de que el tiempo pasa voy descubriendo las cualidades de ese diáfano humo, de ese esfumado (pero intenso), de ese(en realidad) simple humo que rellenó los espacios vacíos que mi alma ocultaba. Porque parecía acariciar cada pedazo de piel gastada, por una historia que parecía no terminar.
Ese humo, ese puente entre aquel y ella, cubierto de palabras, y de teorías, ese camino sincero, rebasado de reconocimientos y aceptaciones. Fantaseando con ambas condiciones genuinas. Tratando de alejarse de la mediocridad del vivir sin dudar, del vivir sin saber que es la tristeza lo que muchas veces nos salva.
Momento estético, en que cada gesto parece capturado y detenido en el tiempo, no solo sus ideas eran los protagonistas de esta escena, somáticamente era prácticamente utópico, su cabeza recostada, dejaba su enredada cabellera caer, que se abrazaba y confundía con ese humo, sumado a su brazo que parecía gritar libertad, sosteniendo aquello que proporcionaba toda esta diversión. Frente a ella estaban sus ojos atentos, alarmantes, sorprendidos, su boca… a su boca le era imposible disimular la sonrisa inocente de la plenitud del momento, con una intermitencia del humo de su cigarrillo que le aportaba al ambiente. Aquel ambiente que no dejaba de ser la envidia de algún director excéntrico… ¡Hasta las paredes! …esas paredes que remarcaban los colores de sus auras, prototípicas y ejemplares en su especie.
Auditivamente, la perfecta correspondencia de las voces (ya rasposas a esa altura de la mañana y con esas dosis de ingredientes nocivos para sus melodías) se dejaba acompañar por aquellos sonidos combinados en el lado oscuro de la luna.
¡¡¡¡???!!
Que paradójico es pensar en que nos gustó jugar con el humo…
martes, 22 de enero de 2008
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